viernes, 3 de julio de 2020

Padre Pío de Pietrelcina Capuchino Texto y Pintura Antonio Oteiza


Antonio Oteiza Embil nace en San Sebastián (Gipuzkoa) el 26 de junio de 1926, hijo de Carmen Embil Giner y José Oteiza Lasa. A los diez años, se traslada con su hermano Ignacio a vivir a Orio, donde estudia en el Colegio la Salle de Zarauz. En 1945 entra en el noviciado de los Capuchinos, en Bilbao y comienza a estudiar Filosofía (1946-48) y Teología (1949-52), siendo ordenado sacerdote en Madrid por el obispo Eijo Garay en 1953. Destinado como misionero en Báyamo (Cuba), pasa 5 años en Venezuela y recorre el Orinoco. Allí inicia su carrera como artista realizando sus primeras obras en la década de los 50. De vuelta a Madrid en 1961, plantea a sus superiores dedicarse al arte religioso. Recibe clases durante un mes de manos del escultor Víctor de los Ríos y del pintor de San Fernando Amadeo Roca. Monta un taller en el convento capuchino de Cuatro Caminos (Madrid) y allí crea sus primeras obras, perfectamente figurativas, como corresponde a los criterios de una formación académica. Allí realiza piezas como San Francisco y el lobo, San Francisco y las tórtolas y dos obras acerca de Pau Casals. En estas se aprecia la confluencia o síntesis formal entre las formas redondeadas orgánicas y los planos geométricos nítidos. Antonio va definiendo lentamente su propio estilo. Trabaja madera y piedra. A mediados del mismo año se le da permiso para estudiar arte en La Escuela Internacional de Perusa (Italia). 


A su vuelta, en 1963, Antonio expone en Vitoria con el jesuita Santiago Montes. Durante estos años participa en el movimiento de renovación del arte religioso que promueve el concilio Vaticano II. En octubre de 1964 se ve obligado a desmantelar el taller de Cuatro Caminos, pues es destinado al convento de Capuchinos de Gijón. Allí reanuda la práctica de la cerámica, en la Fábrica de Loza del barrio del Natahoyo. En Gijón quedan muchos trabajos suyos, que ascienden a casi 20 obras. En 1969 pasa un año en Aránzazu con su hermano Jorge, donde trabaja en la obra de la Basílica. Su hermano Jorge es elegido para encabezar la obra junto al arquitecto Saénz de Oiza, los escultores Lucio Muñoz y Eduardo Chillida, los pintores Carlos Pascual de Lara y Néstor Basterrrechea y fray Javier M. de Eulate, autor de las vidrieras. Es la única vez que los dos hermanos trabajarán juntos. En 1970 Antonio vuelve a partir rumbo a Recife (Brasil). Durante tres meses remonta el curso del Amazonas en barca, desde Belén a la cordillera de los Andes, donde escribe Aventurero sin equipaje por el Amazonas. En enero de 1971 es párroco de Angasmarca, en los Andes peruanos, experiencia que le marca y que refleja en su libro “Cartas parroquiales de Angasmarca”. Vuelve a España atravesando el Pacífico, con lo que completa la vuelta al mundo.


 

PROLOGO
Todo parece que se hacía misterio,
todo su interior,
se le hacia misterio al Padre Pío,
misterio para sí mismo.
También para nosotros hoy,
parece que sigue el misterio,
el gran misterio del Padre Pío de Pietrelcina.
Y en la línea de la pintura todavía está sin
aparecer una primera plástica que nos ayude a
visualizar en algo ese misterio que fue el
vivir del Padre Pío.
Hace un tiempo tuve la oportunidad de asistir a
13 lecciones que dio el Padre Elías Cabodevilla,
estudioso del Padre Pío, sobre su vida, y que
por mi parte, ahora vengo a recordar aquí,
en 13 cartones.
− El Padre Pío murió en 1968.
− Vivió 81 años
− Proclamado santo capuchino, San Pío de Pietrelcina, en 2002.
− Nació en Pietrelcina, pero pasó casi todos los años de su vida en
el convento de San Giovanni Rotondo. 



SOY UN MISTERIO PARA MI MISMO
En el cartón 3 manchas, negro, blanco, rojo, y
con ellos sugerir aquel misterio en que
el Padre Pío se creía confuso, vivencias que carecen de
forma, pero muy verdaderas, fuegos de su conciencia,
y eso durante toda su vida,
ya desde su juventud.
La figura en blanco,
con mano ensangrentada,
se traslada,
y el rojo se hace cabeza en su cuerpo negro,
y el Padre parece descolocarse de sí mismo,
a ser un instrumento llevado,
que la luz le proyecta fuera de sí mismo,
algo superior a servirse de él,
ya a no saberse nada de sí mismo 


AL SERVICIO DE LOS HOMBRES
No es posible contar la vida del Padre Pío al
margen de su más íntima realidad, la gracia de
Dios, su presencia constante en su vida.
De igual manera, tampoco al oyente de su vida,
le será posible aceptar tanta realidad, tan
fuera de lo natural,
sin fe religiosa.
El cartón todo en rojo,
se descubren 2 figuras,
o será una que está desdoblada,
algo elevada la que está a la derecha,
un doble fenómeno,
la bilocación,
y la levitación.
Lo esencial será lo rojo,
su vida,
hombre ensangrentado con las llagas de Cristo,
como víctima en bien de los hombres,
y aquí 4 y 3, a uno y otro lado. 


IDENTIFICADO CON EL ALTAR
Se puede descubrir una cruz, un redondo en
blanco y un rectángulo a manera de altar.
Miro y dudo, porque el discurso que se hace,
luego no se sostenga plásticamente.
Y tampoco vale una ausencia total de figuración
para que eso que queremos representar venga a
ser arte religioso.
Que no es válido un enorme cuadro con un solo
color y decir que se pinta a Dios, que es
Inmenso y Uno. Que lo que importa será que las
palabras se descubran en el cuadro, con su propio
lenguaje pictórico, y no querer justificarlo con un discurso ajeno.
En el cartón debe estar el Calvario y el Altar,
y el Padre Pío identificado con Cristo, que él
mismo ya lo había dicho: “todo lo que aconteció
en el Calvario, acontece en el Altar”, y se
sentía Oficiante y Víctima, y en cercanía
estaba María. 


UN SOLO CORAZÓN CON CRISTO
Son 2 manchas, parecen figuras, algo en brazo,
la roja parece también un corazón, todo lo
envuelve, podrían ser Cristo y el Padre Pío,
y que él ya lo había dicho: “el corazón de Jesús
y el mío, permítame la expresión, se fusionaron,
ya no eran dos corazones, sino uno solo”.
Se trata de crear una atmósfera para que el
sentimiento conozca.
Ya el mismo cartón es un material receptivo,
cercano, afectivo, a todo se acomoda, no tiene
secretos, se descubre, se abraza a lo que le
llega, deja que el color se le integre, se hace
propicio para la expresión en grande, para todo
expresionismo, pero no sirve para que se le
pinte la minucia.
El expresionismo bien le corresponde, quizá la
manera más adecuada para el relato religioso,
más cordial, interior, más rápido para el decir.
Se le oye mejor porque grita más alto. 


LAS CARTAS DEL PADRE PÍO
El Padre Pío fue pródigo en darse a los demás, también
con su palabra escrita, a conocidos y desconocidos,
cercanos y lejanos. Sus cartas están recogidas en
4 tomos.
Son 2 escenas, dictando al que le hacía de fraile
secretario para tanta correspondencia, y luego,
los que reciben la carta.
El arte religioso, digamos mejor, el sacro, no
está en el temario de una historia sagrada.
Estará más bien en el encuentro superior que
suscite el cuadro, que transmite algo añadido
a su misma figuración, un áurea que envuelve al
cuadro con el espectador, que algo añadido y
espiritual nos transmite, nos añade un conocimiento
distinto a la misma figuración que estamos viendo
y decimos que es de signo religioso.
Un buen cuadro, con tema religioso, puede quedar
solamente en apariencia religiosa, que nada le
venga a trascender. 



SU GRANDÍSIMA MISIÓN
Lo dijo el mismo Padre Pío, que “Dios le había
confiado una misión grandísima”.
Y este conocimiento lo tuvo desde su juventud,
que sentía que entraba en la misma vida de Cristo,
en la obra de redención de la humanidad.
En el cartón la luz que nace, el Padre Pío habla
a los hombres, aquí en encuentro pequeño, en
símbolo, que fue grandísima su misión en obras
de caridad a los hombres.
Basta el decir que su horizonte, su misión,
alcanzó a todo el mundo, y ese mundo se volvió
a él.
Cuando se le proclamó santo en Roma, dicen que
fue el día de mayor confluencia de gentes en una
canonización. 



LA PROHIBICIÓN DEL VATICANO
El Vaticano en negro, parece agresivo, y con el
rojo, todavía más, y tanta cúpula no es una visión
agradable.
A la izquierda la figura pequeña que dice ¡Señor!
Son las contradicciones que carga la humanidad,
y no importa que se profese una religión, que en
todo lo humano puede crecer, a la vez, el trigo
y la cizaña.
El Padre Pío sufrió algunas normas disciplinarias
por parte del Vaticano, apartado por un tiempo
de las miradas de los hombres, reducido su
ejercicio religioso.
Pero en el Padre todo era verdad, todo trigo
limpio. La cizaña, lo cizañero del ser humano
estaba en los otros, avariciosos, envidiosos,
estuvo en algunos clérigos. 


LOS GRUPOS DE ORACION
En 1947 Europa seguía sufriendo los efectos de
la Guerra Mundial y el Papa Pío XII pide al Padre
Pío oraciones a Dios por tantas necesidades y
angustias que se estaba padeciendo.
Así comenzó lo que se vino en llamar “Los Grupos
de Oración del Padre Pío”.
Aquí aparece un grupo de orantes, están en círculo,
parecen alegres, como inspirados por el Espíritu.
Hacen un círculo, que es la forma natural de
comportarse un grupo en un encuentro humano,
también religioso.
Su eje viene a ser algo sagrado, eje de información,
autoridad, ahí el oficiante, y los otros a la
escucha, a su alrededor. Es la forma natural para
expresar un encuentro religioso. Y aquí viene a
expresar un espacio sagrado, de oración.
Otros redondeles, más Grupos, que vinieron a
extenderse por todo el mundo



TE ASOCIO A MI PASIÓN
Negro con rojo, así son cada una de las 2 manchas,
y en una la figura de Cristo crucificado, y en la
otra el Padre Pío.
Es el encuentro, la impresión de las llagas de
Cristo en el cuerpo del Padre Pío.
Se miró las manos y las ve ensangrentadas. En
su propia carne descubre las llagas de Cristo,
que todo lo padeció por la salvación de los
hombrees, y el Padre Pío pregunta ¿qué puedo
hacer yo?
Y la respuesta que siente escuchar es : “Te asocio
a mi Pasión”.
Aquí se quiere dibujar el silencio, el asombro,
un encuentro que excede a toda comprensión de
orden natural. 


CASA ALIVIO DEL SUFRIMIENTO
La “Casa Alivio del Sufrimiento” aquí más bien en
expresión de monumentalidad, que más que ponerle
ventanales, hacerle edificio, nos sugiera la
mente creativa y generosa del Padre Pío.
Su voluntad estaba abierta a toda necesidad del
presente, cercano con el que sufría o estaba en
la ignorancia.
Hizo la Escuela de Maternidad, la Profesional,
Guarderías, más Hospitales, en su mente estaban
los niños y los jóvenes de las cercanías.
El Padre Pío veía a Cristo en aquél que sufría,
pero si a la vez de enfermo, era pobre, ahí
Cristo estaba por 2 veces.
Así viene a explicarse la Casa del Sufrimiento,
ejemplo de amor, de técnica, de investigación,
ejemplaridad de un hospital. 



OBEDIENCIA A LA IGLESIA
Una cuesta, y arriba la Iglesia.
La vida del Padre Pío fue un camino de
dificultades, incomprensiones, de muchas pruebas
amargas, pero él todo lo llevó con fidelidad a
la Iglesia.
Ante un testimonio religioso como el suyo, la
Jerarquía de la Iglesia, quiere cerciorarse, y
así vino a tomarle juramento de fidelidad a la
Iglesia, de su fe católica.
Aquí la figura del Obispo que recibe su
juramento, y luego escribió: “le invité a
responder a las preguntas estando él de rodillas
y con las manos sobre los Santos Evangelios”
Ante los que criticaban a la Iglesia por defender
al Padre, dijo: “La mano de la Iglesia es siempre
suave, incluso cuando golpea, porque es la mano
de una madre”. 


DEVOCIÓN A MARÍA
El cartón está en gris, es un claustro conventual
y hay silencio.
Una escalera iba desde la sacristía al primer
piso, y ahí había un cuadro de la Inmaculada.
El Padre Pío cuando pasaba por delante, se
detenía.
En una ocasión había dicho que “cuando se pasa
por delante de la imagen de la Virgen, hay que
detenerse y decirla: te saludo María, y saluda
de mi parte a Jesús”.
Su relación con la Virgen entrañaba una gran
amorosidad, y su lenguaje se hacía muy afectuoso.
Pero el Padre Pío no tuvo un sentimentalismo
estéril, que lo suyo se fundamentaba en imitar
las virtudes de María, y se hizo un gran
propagador de la devoción a la Virgen María. 


EL PADRE QUE CONFIESA
“El Padre que confiesa”, que así era conocido
por las gentes que allí le llegaban para hacer su confesión.
El texto aparece encima de una rejilla a manera
de símbolo, que ella se anteponía con frecuencia
entre confesor y penitente.
En la izquierda la realidad, el Padre Pío se
acerca al hombre, y ahí están los hombres que le
llegan, que salen de la mancha, que van en su
busca, de consejo y perdón.
Y así estuvo el Padre, así casi todos los
años de su vida, así por casi todas las horas
de cada día, así, aconsejando, confesando. 



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