sábado, 16 de mayo de 2020

EL GRAN PODER DE LA RELIQUIA DEL PADRE PIO


El Honorable Giovanni Tamponi era un magistrado de distrito en la prefectura de Cagliari en la isla de Cerdeña. Se convirtió en uno de los hijos espirituales más devotos del Padre Pío, gracias a la curación milagrosa de su hijo de cinco años, a quien arrebató de una muerte casi segura en 1970. La primera vez que Giovanni había oído hablar del Padre Pío fue en 1958, en un artículo de la revista católica Famiglia Christiana. 

En él se enteró de que este sacerdote llevaba las llagas de Cristo y vivía en un monasterio en San Giovanni Rotondo en el continente italiano. Una cosa le impactó en particular en el artículo: cuando el Padre Pío distribuyó la Comunión a los fieles, quienes se arrodillarían ante el altar para recibirlo de sus manos, hubo ocasiones en que se negó a dar a alguien la Hostia. Giovanni pensó para sí mismo: “¿Cómo puede un sacerdote dar la Hostia Sagrada a unos y no a otros? ¿Qué sabría él? ¿Cómo puede comportarse de esta manera y asumir esta responsabilidad en público?

Deseando aprender más sobre este hombre, Tamponi se dirigió a San Giovanni, llegando en una fría tarde de noviembre. Por "casualidad", la primera persona que se encontró en la plaza de la iglesia de Santa Maria delle Grazie de Padre Pío, fue un abogado de Milán que se ofreció a compartir sus alojamientos alquilados. Giovanni tomó esto como una señal de la Providencia, para alentarlo en su búsqueda para saber más sobre el Padre.Los dos hombres se levantaron a las 4:00 am para llegar a la iglesia antes de las 5:00 cuando las puertas se abrirían. Giovanni, que no estaba familiarizado con la prisa de las "santas mujeres", fue arrastrado por la multitud, que en realidad lo empujó hacia el altar. Hubo un repentino silencio cuando apareció el padre Pío y comenzó la misa, y el silencio que siguió le permitió participar en la Eucaristía "de una manera que no es fácil de describir". Giovanni tenía una pregunta personal que quería hacerle al santo así que cuando terminó la misa lo esperó en el pasillo que atravesó para entrar en el Convento. Pero de repente, una multitud de devotos invadió el área y casi fue arrastrado de nuevo. Sin embargo, fue capaz de acercarse y tocar al Padre Pío. Le hizo la pregunta que había preparado de antemano, pero el Padre Pío dijo bruscamente: "¿Qué quieres?" ("Che vuoi?") Y simplemente siguió caminando. Giovanni trató de seguirlo pero fue inútil debido a todas las personas.


Su nuevo amigo, el abogado de Milán, vio lo que había ocurrido y lo alentó a intentarlo una vez más por la tarde. Así que esperó en el corredor y nuevamente le hizo una pregunta al Padre Pío, pero el santo una vez más dijo "¿Che vuoi?" Sin embargo, para este momento Giovanni había aprendido a abrirse paso entre la multitud y pudo seguirlo correctamente. A la puerta de entrada al convento. El padre Pío estaba a punto de desaparecer detrás de la puerta, cuando de repente se detuvo y se volvió hacia Giovanni. Mirándolo directamente a los ojos, repitió por tercera vez "¿Che vuoi?" Ahora los dos estaban cara a cara, solos. Giovanni intentó repetir su pregunta, pero no pudo pronunciar nada.Entonces se abrió una sonrisa bondadosa y paterna en el rostro seráfico del Padre. Fue un preludio a la respuesta que Giovanni tanto había deseado escuchar, y este consejo personal se le dio de inmediato y con precisión. Giovanni fue vencido, y en ese instante se dio cuenta de que no estaba ante ninguna persona común. La respuesta de Padre Pío fue un punto de inflexión en su vida, marcando un hito fundamental. Dejó la iglesia llena de profunda emoción y alegría, y se encontró con su amigo de Milán, quien compartió su felicidad porque finalmente había hablado con el Padre Pío. Sin embargo, después de menos de dos días completos en San Giovanni Rotondo, tuvo que apresurarse a regresar a su hogar. 

Allí sus familiares y amigos estaban preparando una celebración por su triunfo exitoso en el examen para ingresar a la magistratura en Italia. Durante todo su viaje de regreso, desde Puglia al puerto romano de Civitavecchia, durante la noche en el barco a Cerdeña, y luego otra hora más a su ciudad natal, los pensamientos sobre el Padre Pío ocuparon su mente. La alegría de aprobar el examen le quitó importancia a su entusiasmo por haber conocido al sacerdote del que hablaban todos, el fraile estigmatizado que había señalado claramente la dirección que debía tomar su vida. "Ya, desde este primer breve encuentro con el Padre Pío, tuve la clara sensación de encontrarme ante algo verdaderamente grande, de una elevada espiritualidad en contacto directo con lo Divino, de una verdadera fe con un aura sobrenatural, a través de la cual ya me sentía protegido y atraído "


Al año siguiente, Giovanni Tamponi regresó a San Giovanni Rotondo, y esta vez pudo quedarse más tiempo. Se necesitaba hacer una reserva para confesarse con el Padre Pío, y su turno no llegó hasta el cuarto día de su estadía. Él había estado yendo a la misa de las 5:00 am, y luego habló con las personas que se habían confesado con el Padre.

Muchos le dijeron que el padre Pío relató los pecados cometidos durante sus vidas que habían olvidado por completo. Parecían personas maduras y honestas, y Giovanni no tenía motivos para dudar de lo que decían. Al no tener experiencia con un confesor así, se sintió nervioso y ansioso mientras esperaba su primera confesión con el santo, aunque se sentía preparado para ello. El padre Pío confesó a los hombres en un rincón de la sacristía de la antigua iglesia, detrás de una cortina, y amueblado solo con una silla y un arrodillador. A medida que se acercaba su turno, todos sus preparativos se volvieron completamente inútiles. Acontecimientos y episodios de su vida le vinieron a la mente que ni siquiera había considerado. “Sentí que mi mente ardía y dentro de mi alma un tumulto de sentimientos diferentes, de ansiedades, de tensiones, de agitación, de miedos. Tuve la impresión y la sensación de tener que estar presente no en una confesión normal, a la que estaba acostumbrado, sino en un "juicio divino". 

Parecía que el Padre Pío ya estaba escrutándome y analizándome ”. Comenzó a sudar y no pudo calmarse, y tuvo que aflojarse la corbata porque se sentía asfixiado. Finalmente fue su turno, y rápidamente corrió la cortina y se arrodilló ante el Padre Pío. Estaban cara a cara. “Lo miré pero no pude sostener su mirada; sus grandes ojos negros penetraron en las profundidades de mi alma ". Giovanni comenzó a mencionar un cierto pecado, pero el Padre Pio lo interrumpió:" ¡Ya lo has confesado! Continúa, "instó él. Dirigió lo que era esencialmente un interrogatorio, puntuado por un comentario ocasional. "Experimenté un miedo y una emoción que no puedo describir hasta el día de hoy". Cuando terminó la confesión, pidió ser aceptado como su hijo espiritual, y el Padre Pío aceptó, pero estableció una cierta condición.


Giovanni fue a la iglesia a orar, sintiéndose como una persona diferente. Como un joven magistrado, había tenido exámenes de todo tipo, pero nunca había sufrido y al mismo tiempo se había regocijado tanto . Pero, ¿cómo sabía el padre Pío que había confesado ese pecado? Evidentemente, podía leer almas y vio que no había ninguna mancha correspondiente en él. Giovanni se quedó en la ciudad una semana más y regresó a Cerdeña con una imagen mucho más clara del Padre Pío y también de su propio camino espiritual. Pasaron muchos años durante los cuales continuó visitando San Giovanni Rotondo. 

Luego, en 1966, durante su confesión con el santo, le pidió una bendición especial para su hijo Mario, que acababa de cumplir su primer cumpleaños. El Padre Pío condescendió, "pero tal vez en ese mismo momento comprendió que en cuatro años se necesitaría mucho más que una bendición para salvar la vida del niño". El niño se vio afectado por una infección crónica del tracto urinario. A menudo fue hospitalizado, pero desafortunadamente no se pudo determinar una causa; sin embargo, sus conteos de nitrógeno en la sangre siguieron aumentando. Finalmente, en 1970, un prominente urólogo determinó que Mario padecía una malformación congénita. La función de su riñón se vio afectada debido a los uréteres inflamados y retorcidos que causaron el estancamiento de la orina. La única solución era un procedimiento de riesgo que implicaba una cirugía potencialmente mortal. El niño fue operado, los uréteres malformados fueron removidos y fueron sustituidos por un complejo bucle intestinal entre la pelvis renal y la vejiga."Los días siguientes fueron terribles: el temor al buen resultado de una intervención tan difícil y compleja, sobre su pequeño cuerpo ya tan debilitado, nos hizo sufrir profundamente". Pronto se hizo evidente que había una complicación grave: había una bloqueo, una oclusión en algún lugar, y nada podría fluir a través del intestino. Por lo tanto, no se le podía dar comida ni agua al pequeño Mario. Hora por hora la situación se volvió más grave y crítica. "En el niño había una expresión triste y profunda, una delgadez indescriptible, una ausencia casi total de energía, que enmarcaba su palidez cadavérica". 

No había nada que pudiera hacer excepto esperar el doloroso resultado.La familia había estado orando todo el tiempo, y continuó orando, pero sin éxito. La ciencia médica no podía hacer nada, y el fin parecía inevitable. Alrededor de la medianoche, después de más de una semana desde la operación, la esposa de Giovanni sugirió aplicar una reliquia del Padre Pio de primera clase (perteneciente a los restos físicos de un santo) a su hijo. Tenían un recorte de lino manchado con su sangre. Con esto, Giovanni tocó el estómago de Mario con suavidad, mientras decía las palabras: "Padre Pío, si no pones las manos aquí, ¿quién más puede hacerlo?" Tan pronto como terminó de pronunciar estas palabras, el chico dejó que un grito: “¡Basta!” En ese mismo instante, se escuchó un ruido fuerte y rápido, que sonaba como agua y aire comprimido, proveniente de los intestinos de Mario, en el lugar donde se había colocado la reliquia. El sonido parece ir desde el centro de su estómago en dirección a su vejiga. La reacción inmediata de Giovanni fue comentar: "¿Es esta la respuesta del cielo?"


Sin consecuencias. Durante toda la noche, los sonidos del movimiento del agua y el aire persistieron, como para indicar que los intestinos estaban reanudando su función normal. En un momento dado, Giovanni le preguntó a su hijo por qué había gritado "¡Basta!" Mario respondió: "Papá, en cuanto me tocaste sentí una fuerza tan fuerte que no pude más, y dije" suficiente "para que tú no me tocaras de nuevo ”. Y sin embargo, Giovanni solo había aplicado ligeramente la reliquia en el estómago del niño. "Simplemente por el mero contacto con la reliquia, evidentemente se desató un poder misterioso que el niño no pudo soportar, y una oleada interna rompió el bloqueo". Sólo unos días después, Mario salió del hospital.

Al año siguiente, su familia llevó a Mario a la tumba del Padre Pío en la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia (Santa Maria delle Grazie), para ofrecer sus acciones de gracias al santo. Luego, en 1974, realizó su primera comunión en la cripta de la misma iglesia. 

Su padre, el magistrado Giovanni Tamponi, reflexionando sobre el milagro, notó que tan pronto como había invocado el nombre de Padre Pio, la gracia fue concedida de manera instantánea y definitiva. “Padre Pío fue y es mi punto de referencia, y después de este evento, ¿cómo puedo tener dudas sobre su cuidado paternal, especialmente ahora que está tan cerca de ese Cristo que amó, sirvió y honró tanto durante su vida? Ciertamente tenía razón cuando le pidió a uno de sus hijos espirituales que orara para que el Señor lo llamara al cielo, porque desde allí podría hacer mucho más de lo que puede hacer en la tierra ".


Posted by Frank Rega

PENSAMIENTOS QUE DAN ESPERANZA Y ELEVAN EL ALMA


“Si puedes hablar al Señor en la oración, háblale, ofrécele tu alabanza; si por mucho cansancio no puedes hablar, no te disgustes en los caminos del Señor. Detenté en la habitación como los servidores en la corte y hazle reverencia. El te verá, le gustará tu presencia, favorecerá tu silencio y en otro momento encontrarás consuelo cuando él te tome de la mano”.

“Cuanta más amargura tengas, más amor recibirás”.

“Jesús quiere llenar todo tu Corazón”.

“Dios quiere que vuestra incapacidad sea la sede de su omnipotencia”.

“La fe es la antorcha que guía los pasos de los espíritus desolados”.

“En el tumulto de las pasiones y de las vicisitudes adversas nos sostenga la grata esperanza de la inagotable misericordia de Dios”.

“Ponga toda la confianza sólo en Dios”.

“El mejor consuelo es el que viene de la oración”.

“No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunado por haber sido hecho digno y participe de los dolores del Hombre-Dios”.

“Dios os deja en esas tinieblas para su gloria; aquí está la gran oportunidad de vuestro progreso espiritual”.

“Las tinieblas que a veces oscurecen el cielo de vuestras almas son luz: por ellas, cuando llegan, os creéis en la oscuridad y tenéis la impresión de encontraros en medio de un zarzal ardiendo. En efecto, cuando las zarzas arden, todo alrededor es una nubarrada y el espíritu desorientado teme no ver ni comprender ya nada. Pero entonces Dios habla y se hace presente al alma, que vislumbra, entiende, ama y tiembla”.

“Jesús mío, es el amor que me sostiene”.

“La felicidad sólo se encuentra en el cielo”.

“Cuando os veáis despreciados, haced como el Martín Pescador que construye su nido en los mástiles de las naves es decir, levantaos de la tierra, elevaos con el pensamiento y con el corazón hacia Dios, que es el único que os puede consolar y daros fuerza para sobrellevar santamente la prueba”.

“Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del demonio tanto más cerca del alma está Dios”.

“Bendice el Señor por el sufrimiento y acepta beber el cáliz de Getsemani”.

“Sé capaz de soportar las amarguras durante toda tu vida para poder participar de los sufrimientos de Cristo”.

“El sufrimiento soportado cristianamente es la condición que Dios, autor de todas las gracias y de todos los dones que conducen a la salvación, ha establecido para concedernos la gloria”.

“Recuerda que no se vence en la batalla si no es por la oración; a ti te corresponde la elección”.

“La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios”


CARTAS PRECIOSAS DEL PADRE PIO PARA TI


Ten paciencia, todavía un poco más al soportar el estado de desolación espiritual; ten paciencia al soportar las pruebas amorosas a las que Jesús, con admirable providencia, para asemejarse a él, te va sometiendo; y verás que el Señor un día atenderá del todo tus deseos, que son también los míos. No te impacientes si en ti la noche se va haciendo más obscura y más lúgubre; no te asustes si no ves con los ojos materiales el cielo sereno que envuelve tu alma; mira a lo alto, elevándote sobre ti misma, y verás resplandecer una luz que participa de la luz del sol eterno. La fe viva, la confianza ciega y la completa adhesión  a la autoridad constituida por Dios para ti, ésta es la luz que ilumina los pasos del pueblo de Dios en el desierto; ésta es la luz que resplandece siempre en la parte más alta de los espíritus gratos al Padre; ésta es la luz que condujo a los magos a adorar al Mesías en su nacimiento; ésta es la estrella profetizada por Balaam; ésta es la antorcha que dirige los pasos de los espíritus desolados. Y esta luz y esta estrella y esta antorcha son también las que iluminan tu alma, dirigen tus pasos para que no vaciles, fortifican tu espíritu en el amor divino; y, sin que el alma se dé cuenta se avanza siempre hacia el destino eterno. Tú no lo ves y no lo comprendes, pero no es necesario. Tú no verás más que tinieblas, pero éstas no son las que envuelven al eterno sol. Mantente firme y cree que este sol resplandece en tu alma; y que este sol es precisamente aquel del que el profeta de Dios dijo: Y en tu luz, yo veré la Luz”.
(22 de octubre de 1916, a Asunción di Tomaso  - Ep. III, p. 399).

El anhelo de estar en la paz eterna es bueno, es santo; pero es necesario moderarlo con la completa resignación a la voluntad de Dios. Es mejor realizar el querer de Dios en la tierra que gozar en el cielo. Sufrir y no morir, era el deseo de santa Teresa. Es dulce el purgatorio cuando se sufre por amor de Dios.
Las pruebas, a las que Dios os somete y os someterá, son todas ellas señales de la predilección divina y joyas para el alma. Pasará, queridas mías, el invierno y llegará la interminable primavera, tanto más rica de bellezas cuanto más duras hayan sido las tempestades. La oscuridad que estáis experimentando es señal de la cercanía de Dios a vuestras almas.
(11 de diciembre de 1916, a las hermanas Ventrella – Ep. III, p. 548

Tú me dices que a causa de tu espíritu somnoliento, distraído, voluble, miserable, al que se suman muchas veces los disturbios físicos, no puedes resistir a permanecer en la iglesia más de una hora y media. No te apenes por esto, sólo evita las ocasiones, esforzándote en vencer toda molestia y todo aburrimiento y no canses excesivamente a tu espíritu con oraciones muy largas y continuadas, cuando el espíritu y la cabeza no se prestan.
Procura apartarte, entre tanto, durante el día, en cuanto te sea posible, y en el silencio de tu corazón y de la soledad ofrece tus alabanzas, tus bendiciones, tu corazón contrito y humillado y toda a ti misma al Padre celestial. Y así, mientras la mayor parte de las criaturas olvida la bondad del Esposo divino, criaturas hechas a su imagen, nosotros lo mantenemos siempre cerca, con esos retiros y prácticas.
(19 de septiembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 174)

Ten siempre ante los ojos de la mente, como prototipo y modelo, la modestia del divino Maestro; modestia de Jesucristo que el apóstol, en palabras a los Corintios, coloca al mismo nivel que la mansedumbre, que fue una de sus virtudes más queridas y casi su virtud característica: «Yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y por la modestia de Cristo»; y, a la luz de un modelo tan perfecto, reforma todas tus actuaciones externas, que son el espejo fiel que manifiesta las inclinaciones de tu interior.
No olvides nunca, oh Anita, a este divino modelo; imagínate que contemplas cierta amable majestad en su presencia; cierta grata autoridad en su hablar; cierta agradable compostura en su andar, en su mirar, en su hablar, en su dialogar; cierta dulce serenidad en el rostro; imagínate el semblante de aquel rostro tan sereno y tan dulce con el que atraía hacia sí las multitudes, las sacaba de las ciudades y de los poblados, llevándolas a los montes, a los bosques, a lugares solitarios, y a las playas desiertas del mar, olvidándose incluso de comer, de beber y de sus obligaciones domésticas.
Sí, procuremos copiar en nosotros, en cuanto nos es posible, acciones tan modestas, tan decorosas; y esforcémonos, en cuanto es posible, por asemejarnos a él en el tiempo, para ser después más perfectos y más semejantes a él por toda la eternidad en la Jerusalén celestial.
(25 de julio de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 86)

No des lugar en tu alma a la tristeza, porque ella impide la libre actuación del Espíritu Santo. Y si, no obstante, queremos entristecernos, entristezcámonos entonces, pero hagamos de tal manera que nuestra tristeza sea santa, viendo el mal que se va expandiendo cada vez más por la sociedad hodierna. ¡Oh cuántas pobres almas van cotidianamente apostatando de Dios, nuestro bien supremo!
El no querer someter el propio juicio al de los demás, máxime al de quien es experto en las cosas en cuestión, es signo de poca docilidad, es signo muy manifiesto de secreta soberbia. Tú misma lo sabes y lo compartes conmigo; por tanto, date ánimo, evita las recaídas, mantente bien atenta ante este maldito vicio, sabiendo cuánto le desagrada a Jesús, porque está escrito que «Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes».
(26 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep.II, p. 245)

Todos los sufrimientos de esta tierra, juntos en un haz, yo los acepto, Dios mío, los deseo como mi porción; pero nunca podré resignarme a estar separado de ti por falta de amor. ¡Ah!, por piedad, no permitas que esta pobre alma ande extraviada; no consientas nunca que mi esperanza se vea frustrada. Haz que nunca me separe de ti; y, si lo estoy en este momento sin ser consciente de ello, atráeme en este mismo instante. Conforta mi entendimiento, oh Dios mío, para que me conozca bien a mí mismo y conozca el gran amor que me has demostrado, y pueda gozar eternamente de las bellezas soberanas de tu divino rostro.
No suceda nunca, amado Jesús, que yo pierda el precioso tesoro que tú eres para mí. Mi Señor y mi Dios, muy viva está en mi alma aquella inefable dulzura que brota de tus ojos, y con la que tú, mi bien, te dignaste mirar con ojos de amor a esta alma pobre y mezquina.
¿Cómo se podrá mitigar el desgarro de mi corazón, sabiéndome lejos de ti? ¡Mi alma conoce muy bien qué terrible batalla fue la mía cuando tú, mi amado, te escondiste de mí! ¡Qué vivamente grabada en mi alma, o mi dulcísimo amante, permanece esa terrible y fulminante imagen! 
 (17 de octubre de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 674)

Camina siempre, mi buena hija, al mismo paso, y no te inquietes si éste te parece lento; si tu intención es buena y decidida, no cabe más que caminar bien. No, mi queridísima hija, para el ejercicio de las virtudes no es necesario estar siempre, y de forma expresa, atenta a todas; esto sin duda enredaría y complicaría demasiado tus pensamientos y tus afectos.
En resumen, puedes y debes estar tranquila, porque el Señor está contigo y es él el que obra en ti. ¡No temas por encontrarte en la barca en la que él duerme y te deja! Abandónate totalmente en los brazos de la divina bondad de nuestro Padre del cielo y no temas, porque tu temor sería tan ridículo como el que pueda sentir un niño en el regazo materno.
 (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 315)

Levántate, pues, Señor, una vez más y líbrame ante todo de mí mismo; y no permitas que se pierda aquel a quien con tanto cuidado y urgencia has vuelto a llamar y has arrancado de un mundo que no es tuyo. Levántate, pues, Señor, una vez más y confirma en tu gracia a los que me has confiado; y no permitas que ninguno llegue a perderse abandonando el redil.
¡Oh Dios, oh Dios!... no permitas que se pierda tu heredad. ¡Oh Dios!, manifiéstate cada vez más a mi pobre corazón y completa en mí la obra que ya has comenzado.
Oigo en mi interior una voz que de continuo me grita: Santifícate y santifica. Pues, bien, mi queridísima,  yo lo quiero, pero no sé por dónde comenzar.
Ayúdame también tú; sé que Jesús te quiere mucho y tú lo mereces. Háblale, pues, de mí; que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco; que pueda ser ejemplo para mis hermanos, de modo que el fervor continúe siempre en mí y crezca cada día más, para hacer de mí un perfecto capuchino.
 (Noviembre de 1922, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 1005)

No te deben atemorizar las innumerables tentaciones que te asaltan de continuo, pues el Espíritu Santo anuncia al alma devota que, si se decide a avanzar por los caminos de Dios, debe disponerse y prepararse para la tentación. Por eso, ¡ánimo!, que la prueba cierta e infalible de la elección de un alma para su perfección es la tentación, en la que la pobrecita será puesta como signo de contradicción en medio de la tempestad. Que nos anime a soportar la dificultad la vida de todos los santos, que no estuvieron libres de esta prueba.
La tentación no respeta a ningún elegido. Ni siquiera respetó al apóstol de las gentes, que, después de haber sido arrebatado en vida al paraíso, fue tal la prueba a la que se vio sometido, que satanás llegó a abofetearlo. ¡Dios mío!, ¡¿quién podrá leer aquellas páginas sin sentir que se le hiela la sangre en las venas?! ¡Cuántas lágrimas, cuántos suspiros, cuántos gemidos, cuántas súplicas, no elevaba este santo apóstol, pidiendo al Señor que retirara de él esta dolorosísima prueba! ¿Y cuál fue la respuesta de Jesús? No otra sino ésta: «Te basta mi gracia... », «la virtud se perfecciona en la enfermedad, en la prueba».
 (4 de septiembre de 1916, a María Gargani – Ep. III, p. 241)

Hace unos pocos días yo pensaba en lo que algunos dicen de las gaviotas, pequeñas aves, que hacen sus nidos en la playa del mar. Construyen sus nidos de forma redonda y se comprende que el agua del mar no puede entrar en ellos. En la parte superior del nido hay una abertura, por la que pueden recibir el aire. Ahí las gaviotas alojan a sus crías, que pueden nadar con seguridad y flotar sobre las olas sin llenarse de agua ni sumergirse. El aire que se respira por la abertura sirve de contrapeso y de balanza, de tal forma que los pequeños remolinos nunca terminan por volcar el nido.
Mis queridísimos hijos, ¡cómo deseo que vuestros corazones sean de tal forma que, por los lados, estén bien cerrados, para que, si los golpes y las tempestades del mundo, de la carne y del demonio os sorprenden, no logren penetrar dentro; y que no haya otra abertura que la de la parte del cielo, para aspirar y respirar a nuestro Señor Jesús.
Y este nido, hijos, ¿para quién estaría hecho si no para los polluelos de aquél que lo ha hecho todo por amor de Dios, llevado por sus inclinaciones divinas y celestes? Pero mientras las gaviotas construyen sus nidos y sus polluelos son todavía demasiado tiernos para soportar los golpes de las olas, Dios cuida y se compadece de ellos, impidiendo al mar que los sumerja.
 (18 de enero de 1918, a los novicios – Ep. IV, p. 366)

Mi alma está totalmente volcada en el cuadro evidente de mi miseria! ¡Dios mío!, que yo soporte tan triste espectáculo; que se retire de mí tu rayo de luz refleja, porque no resisto contraste tan evidente. Padre mío, yo veo toda mi maldad y mi ingratitud en todo su esplendor; veo agazapado a mi hombre viejo, herido en sí mismo, que parece querer devolver a Dios su ausencia, negándole todos sus derechos, cuando el dárselos es su obligación primera. ¡Qué fuerza se necesita para sacarlo de ahí! ¡Dios mío, ven pronto en mi ayuda, pues tengo miedo de mí mismo, pérfida e ingrata criatura para con su creador, que la protege de sus poderosos enemigos!
No supe aprovecharme de tus espléndidos favores; y ahora me veo condenado a vivir en mi impotencia, encorvado sobre mí mismo, extraviado, mientras tu mano me va aplastando cada vez con más fuerza. ¡Ay de mí! ¿Quién me librará de mí mismo? ¿Quién me sacará de este cuerpo de muerte? ¿Quién me tenderá una mano para que no me vea envuelto y engullido por el inmenso y profundo océano? ¿Tendré que resignarme a ser apresado por la tempestad que me acosa cada vez más? ¿Será necesario que pronuncie el hágase ante el misterioso personaje que me dejó totalmente llagado, y que no desiste en su dura, áspera, aguda y penetrante actuación, y que, sin dejar tiempo para que cicatricen las llagas antiguas, ya está abriendo sobre ellas otras nuevas con infinito desgarro de la pobre víctima?
¡Ay!, padre mío; ¡venga en mi ayuda, por caridad! Todo mi interior llueve sangre, y con frecuencia la mirada tiene que resignarse a verla correr también por fuera. ¡Ah!, ¡cese en mí este desgarro, esta condena, esta humillación, esta confusión! No tengo fuerzas para poder y saber resistir.
 (17 de octubre de 1918, al P. Benedicto de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 1089)

En mis oraciones y en la santa misa pido continuamente muchas gracias para su alma, y pido de modo especial el santo y divino amor. Este amor es todo para nosotros; es nuestra miel, mi querido padre, en la cual y con la cual deben ser endulzados todos nuestros afectos, acciones y sufrimientos.
¡Dios mío!, ¡mi buen padre!: ¡Cuánta felicidad en nuestro reino interior, cuando ahí reina este santo amor! ¡Qué felices son las facultades de nuestra alma, cuando obedecen a un rey tan sabio! Bajo su obediencia y en su reino, él no permite que haya pecados graves y tampoco que haya afecto alguno a los veniales.
Es cierto que él, con frecuencia, les permite que se acerquen hasta la frontera, para ejercitar en la lucha a las virtudes internas y para hacerlas más valientes. Y permite también que los espías, que son los pecados veniales y las imperfecciones, corran de un lado a otro en su reino; pero esto no es si no para darnos a conocer que, sin su ayuda, seríamos presa de nuestros enemigos.
 (24 de julio de 1917, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 917)

Si es deseo de Dios que a los aromas espirituales también agregue los corporales, ¿no te basta para hacerte lo más posible feliz en este valle de exilio?
¿Y qué otra cosa se puede desear fuera de la voluntad de Dios? ¿Qué otra cosa puede clamar un alma consagrada a él? ¿Qué deseas tú, pues, si no que los designios divinos se cumplan en ti? Ánimo, entonces, y siempre adelante en los caminos del amor divino, estando segura que cuanto más tu voluntad se vaya unificando y uniformándose a la de Dios, tanto más crecerá en perfección.
Tengamos siempre presente que acá en la tierra es un lugar de combate y que en el paraíso se recibirá la corona. Porque acá es el lugar de la prueba y el premio se recibirá allá arriba. Porque acá estamos en la tierra de exilio y nuestra patria verdadera es el cielo y es necesario aspirar continuamente hacia ella. Habitemos, por ello, Raffaelina, con la fe viva, con la esperanza firme y con el ardiente afecto en el cielo, con el vivísimo deseo mientras estemos de camino, para poder un día, cuando le agrade a Dios, habitar con toda la persona.
 (24 de junio de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 452)

Las almas más afligidas son las predilectas del divino Corazón; y tú ten la certeza de que Jesús eligió tu alma para ser la benjamina de su Corazón adorable.
En este Corazón tú debes esconderte; en este Corazón tú debes desahogar tus deseos; en este Corazón debes vivir también los días que la providencia te conceda; en este Corazón debes morir, cuando el Señor así lo quiera. En este Corazón yo te he vuelto a poner; en este Corazón, pues, tú debes vivir, ser y moverte.
(31 de mayo de 1918, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 961)

Debes saber, hijita, que la caridad tiene tres elementos: el amor a Dios, el afecto a sí mismo y la caridad hacia el prójimo; y mis pobres enseñanzas te ponen en el camino de practicar todo esto.
a) Durante el día, pon con frecuencia todo tu corazón, tu espíritu y tu pensamiento en Dios con una gran confianza; y dile con el profeta real: «Señor yo soy tuya, sálvame». No te detengas mucho a considerar qué tipo de oración te da Dios, sino sigue sencilla y humildemente su gracia en el afecto que debes tenerte a ti misma.
b) Aunque sin detenerte con soberbia, ten bien abiertos los ojos sobre tus malas inclinaciones para erradicarlas. No te asustes nunca al verte miserable y llena de malos estados de ánimo; céntrate en tu corazón con un gran deseo de perfeccionarlo. Procura enderezarlo dulce y caritativamente cuando tropiece. Sobre todo, esfuérzate con todas tus fuerzas por fortalecer la parte superior del alma, no entreteniéndote en sentimientos y consuelos, pero sí en las decisiones, propósitos y aspiraciones, que la fe, el guía y la razón te inspiren.
(11 de junio de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 735)

Ten siempre bajo tu mirada esta lección elocuente, que debe ser bien comprendida: la vida presente no se nos ha dado sino para adquirir la eterna; y por falta de esta reflexión fundamentamos nuestros afectos en lo que pertenece a este mundo, en el que estamos de paso; y, cuando hay que dejarlo, nos asustamos e inquietamos. Créeme, maestra, para vivir contentos en la peregrinación, es necesario tener ante nuestros ojos la esperanza de la llegada a nuestra patria, donde nos quedaremos eternamente; y, mientras tanto, cree firmemente; porque es verdad que Dios, que nos llama a él, mira cómo avanzamos y no permitirá nunca que nos suceda algo que no sea para nuestro mayor bien. Él sabe lo que somos y nos extenderá su mano paternal en los pasos difíciles, de manera que nada nos detenga al correr veloces hacia él. Pero para gozar bien de esta gracia, es necesario tener una confianza total en él.
No busques evitar con ansiedad los accidentes de esta vida; evítalos con una perfecta esperanza de que, conforme nos vayan viniendo, Dios, a quien perteneces, te librará de ellos. Él te ha defendido hasta el presente, basta que te mantengas bien asida a la mano de su providencia y él te asistirá en todo momento. Y, cuando no puedas caminar, él te conducirá, no temas. ¿Qué tienes que temer, mi queridísima hijita, siendo de Dios, que tan firmemente nos ha asegurado: «A los que aman a Dios todo les redunda en bien»? No pienses en lo que sucederá mañana, porque el mismísimo Padre del cielo, que hoy cuida de nosotros, el mismo cuidado tendrá mañana y siempre. ¡Oh!, él no te hará mal; pero, si te lo envía, te concederá también un valor invencible para soportarlo.
(23 de abril de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 724)

La virtud de la paciencia es la que nos asegura, más que ninguna otra, la perfección; y, si conviene practicarla con los demás, hay que tenerla no menos con uno mismo. El que aspira al puro amor de Dios, no necesita tanto tener paciencia con los demás cuanto tenerla consigo mismo. Para conquistar la perfección, se necesita tolerar las propias imperfecciones. Digo tolerarlas con paciencia y no ya amarlas o acariciarlas. Con este sufrimiento crece la humildad. Para caminar siempre bien, es necesario, mi queridísimo hijo, aplicarse con diligencia a recorrer bien aquel trozo de camino que está más cerca y que es posible recorrer, hacer bien la primera jornada, y no perder el tiempo deseando hacer la última cuando todavía no se ha hecho la primera.
Muchísimas veces nos detenemos tanto en el deseo de ser ángeles del paraíso, que descuidamos ser buenos cristianos. Con esto no quiero decir o significar que no sea oportuno para el alma poner muy alto su deseo, pero sí que no se puede desear o pretender alcanzarlo en un día, porque esta pretensión y este deseo nos fatigarían demasiado y para nada. Nuestras imperfecciones, hijito mío, nos han de acompañar hasta la tumba. Es cierto que nosotros no podemos caminar sin tocar tierra; pero es verdad también que, si no nos tenemos que tumbar o mirar a otro lado, tampoco hay que pensar en volar, porque en las vías del espíritu somos como pequeños pollitos, a quienes todavía no les han salido las alas.
(25 de noviembre de 1917, a Luis Bozzuto – Ep. IV, p. 403)

Toda alma destinada a la gloria eterna bien puede decirse una piedra destinada a levantar el edificio eterno. Un albañil que quiere levantar una casa tiene necesidad antes que nada de pulir las piedras que deben formar parte de la composición de la casa; y todo esto lo obtiene a golpes de martillo y de escalpelo. De la misma manera se comporta el Padre celestial con las almas elegidas, las que desde la eternidad fueron por la suma sabiduría y providencia destinadas a la composición del edificio eterno.
Por consiguiente el alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna deber ser pulida a golpes de martillo y de escalpelo. Pero estos golpes de martillo y de escalpelo, del que se sirve el artista divino para preparar las piedras, es decir, el alma elegida, ¿cuáles son? Hermana mía, estos golpes de escalpelo son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con algún aroma de desolación y también de malestar físico.
Agradece, por lo tanto, a la infinita piedad del Padre eterno, que así está tratando tu alma, porque destinada a la salvación.
(19 de mayo de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 87)

Toda tu vida se vaya gastando en la aceptación de la voluntad del Señor, en la oración, en el trabajo, en la humildad, en dar gracias al buen Dios. Si volvieras a sentir que la impaciencia se instala en ti, recurre inmediatamente a la oración; recuerda que estamos siempre en la presencia de Dios, al que debemos dar cuenta de cada una de nuestras acciones, buenas o malas. Sobre todo, dirige tu pensamiento a las humillaciones que el Hijo de Dios ha sufrido por nuestro amor. El pensamiento de los sufrimientos y de las humillaciones de Jesús quiero que sea el objeto ordinario de tus meditaciones. Si practicas esto, como estoy seguro que lo haces, en poco tiempo experimentarás sus frutos saludables. Una meditación así, bien hecha, te servirá de escudo para defenderte de la impaciencia, aunque el dulcísimo Jesús te mande trabajos, te ponga en alguna desolación, quiera hacer de ti un blanco de contradicción.
(6 de febrero de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 54)

Y es solamente en virtud de semejante nombre que nosotros podemos esperar salvación, justo como los apóstoles lo declararon ante los judíos: «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos».
El Padre eterno quiso sujetar todas las criaturas a él: «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos». Según el apóstol, y así es. Jesús es adorado en el cielo: a este nombre divino, conmovidos por gratitud y amor, los bienaventurados en el cielo no terminan de repetir lo que el evangelista Juan vio en una visión: «Cantan – dice él – un cántico nuevo diciendo: Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre».
Este nombre santísimo es venerado en la tierra, porque todas las gracias que pedimos en el nombre de Jesús, son plenamente concedidas por el Padre eterno: «Y todo lo que pidáis – nos dice el Maestro divino – en mi nombre, al Padre, yo lo haré». Este nombre divino es venerado, quien lo podría creer, también en el infierno: porque ese nombre es el terror de los demonios, que por él se encuentran vencidos y abatidos: «en mi nombre expulsarán demonios».
 (4 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 217)

jueves, 14 de mayo de 2020

SANTUARIO SAN PADRE PIO LE CAMPANE

SANTUARIO SAN PADRE PIO LE CAMPANE 

 La campana dedicata a Padre Pio: è la terza, porta l’iscrizione “Pius sum ego pie ad Christum advoco” (Io sono Pio e piamente attiro a Cristo), pesa 8 quintali e suona in Mi. Padre Pio non ha mai cercata di essere il traguardo o la destinazione finale; è stato sempre scala o cammino per salire o arrivare a Cristo. Nell’accoglienza pastorale ai pellegrini che arrivano ai luoghi di Padre Pio e nel far risuonare la voce di Padre Pio in modo che continui ad essere così forte che si senta in ogni angolo della terra, l’obiettivo dev’essere sempre lo stesso: non padre Pio, ma Cristo; anzi, si deve fare in modo che siano molti coloro che amano, invocano, imitano Padre Pio affinché, tramite lui, siano molti coloro che amano, invocano, imitano la Vergine Maria, per miglio amare, invocare ed imitare Cristo. 

SANTUARIO SAN PADRE Pío LAS CAMPANAS 

La campana dedicada al Padre Pío: es la tercera, trae la inscripción “Pius sum ego pie ad Christum advoco” (Yo soy Pío y piamente atraigo a Cristo), pesa 8 toneladas y toca en mi. El Padre Pío nunca trató de ser la meta o el destino final; siempre ha sido escalera o camino para subir o llegar a Cristo. En la recepción pastoral a los peregrinos que llegan a los lugares del padre pío y al hacer sonar la voz del padre pío para que siga siendo tan fuerte que se sienta en cada rincón de la tierra, el objetivo debe ser siempre el mismo: no padre pío, sino Cristo; De hecho, hay que hacer que sean muchos los que aman, invocan, imitan al Padre Pío para que, a través de él, sean muchos los que aman, invocan, imitan a la Virgen María, por milla amar, invocar e imitar a Cristo.




domingo, 3 de mayo de 2020

MES DE MAYO



1. Al pasar frente a una imagen de la Virgen, debemos decir:
«Te saludo, María.
Saluda a Jesús de mi parte. »

2. Escucha, mami, te amo más que a todas las criaturas de la tierra y el cielo ... después de Jesús, por supuesto ... pero te amo.

3. Hermosa mamá, querida mamá, sí, eres hermosa. Si no hubiera fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos son más brillantes que el sol; eres hermosa mami, me glorío en eso, te amo, deh! ayudarme.

4. Que María sea la estrella, para que puedas aligerar el camino, mostrarte el camino seguro para ir al Padre celestial; es a qué ancla, a la que debe unirse cada vez más estrechamente en el momento del juicio.

5. Que María sea la razón de tu existencia y te guíe hacia el puerto seguro de la salud eterna. Que ella sea tu dulce modelo e inspiradora en la virtud de la santa humildad.

6. Si Jesús se manifiesta, agradézcale; y si te escondes, dale las gracias también: todo es una broma de amor.
Que la Virgen misericordiosa y piadosa continúe obteniendo de ti la inefable bondad del Señor, la fuerza para sostener hasta el final muchas pruebas de caridad que él te da. Espero que vengas a expirar con Jesús en la Cruz; y puede exclamar dulcemente en él: "Consummatum est".

7. Oh María, muy dulce madre de sacerdotes, mediadora y dispensadora de todas las gracias, desde el fondo de mi corazón te lo ruego, te ruego y te ruego que agradezcas hoy, mañana, siempre, a Jesús, el bendito fruto de tu vientre.

8. La humanidad quiere su parte. Incluso María, la Madre de Jesús, sabía que a través de su muerte se trabajó la redención de la humanidad, pero ella misma lloró y sufrió, y cuánto sufrió.

9. Que María convierta todos los dolores de la vida en alegría.

10. No se dedique tanto a la actividad de Marta como para olvidar el silencio o el abandono de María. Que la Virgen, que concilia ambas oficinas tan bien, sea de dulce modelo e inspiración.

11. María infla y perfuma tu alma con nuevas virtudes y coloca su mano materna sobre tu cabeza.
Aférrate cada vez más a la Madre celestial, porque es el mar a través del cual se alcanzan las orillas del esplendor eterno en el reino del amanecer.

12. Recuerda lo que sucedió en el corazón de nuestra Madre celestial al pie de la cruz. Estaba petrificada ante el Hijo crucificado por la exuberancia del dolor, pero no se puede decir que fue abandonada por él. De hecho, ¿cuándo la amaba más que sufrir y no podía ni llorar?

13. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y amor por Jesús, crucificado por tu salud eterna.
Nuestra Señora de los Dolores te hará compañía y será de dulce inspiración.

14. Hijo, no sabes lo que produce la obediencia. Aquí: para un sí, para un solo sí, fiat secundum verbum tuum, para hacer la voluntad de Dios, María se convirtió en madre del Altísimo, profesando su sierva, pero conservando la virginidad que era querida por Dios y por ella.
Por eso sí, pronunciado por María santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida.
También siempre hacemos la voluntad de Dios y siempre decimos sí al Señor.

15. Nosotros también regenerados en el santo bautismo corresponden a la gracia de nuestra vocación en imitación de nuestra Madre Inmaculada, aplicándonos sin cesar en el conocimiento de Dios para siempre conocerlo mejor, servirlo y amarlo.

16. Mi madre, en lo profundo de mí, ese amor que ardía en tu corazón por él, en mí que, cubierto de miserias, admira en ti el misterio de tu inmaculada concepción, y que deseo ardientemente que por eso purifiques mi corazón. amar a mi Dios y a ti, purificar la mente para afirmarlo y contemplarlo, adorarlo y servirlo en espíritu y verdad, purificar el cuerpo para que sea su tabernáculo menos indigno de poseerlo cuando se digna venir a mí en santa comunión.

17. Padre, hoy es Nuestra Señora de los Dolores: dime una palabra. Respuesta: La Virgen de los Dolores nos ama, nos dio a luz con dolor y amor.
Nuestra Señora de los Dolores nunca se aparta de tu mente y sus dolores están impresos en tu corazón; enciéndelo con amor por ella y por su Hijo.

18. Me gustaría tener una voz tan fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a Nuestra Señora. Pero como esto no está en mi poder, recé, y rezaré a mi angelito para que realice este oficio por mí.

19. Después de la ascensión de Jesucristo al cielo, María ardía continuamente con el deseo más vivo de reunirse con él. Sin su divino Hijo, ella parecía estar en el exilio más duro.
Aquellos años en los que tuvo que separarse de él fueron para ella el martirio más lento y doloroso, el martirio de amor que la consumió lentamente.


20. Jesús, quien reinó en el cielo con la humanidad más santa que había tomado de las entrañas de la Virgen, también quería que su Madre no solo con su alma, sino también con su cuerpo se reuniera con él y compartiera su gloria por completo.
Y esto era bastante correcto y correcto. Ese cuerpo que no había sido esclavo del diablo y del pecado por un instante tampoco debía ser esclavo de la corrupción.

21. Intenta ajustarte siempre y en todo a la voluntad de Dios en cada evento, y no tengas miedo. Esta conformidad es la forma segura de llegar al cielo.

22. Padre, enséñame un atajo para llegar a Dios.
- El atajo es la Virgen.

23. Padre, al rezar el Rosario ¿debo tener cuidado con el Ave o el misterio?
- En el Ave, saluda a la Virgen en el misterio que contemplas.
Se debe prestar atención a la Avenida, al saludo que le dirijas a la Virgen en el misterio que contemplas. En todos los misterios estuvo presente, a todos participó con amor y dolor.

24. Haz la penitencia para pensar dolorosamente en las ofensas cometidas contra Dios; la penitencia de ser constante en el bien; La penitencia para luchar contra tus defectos.

25. La ciencia, hijo mío, por grandiosa que sea, siempre es algo pobre; es menos que nada comparado con el formidable misterio de la divinidad.
Otras formas que debes mantener. ¡Limpia tu corazón de toda pasión terrenal, humíllate en el polvo y reza! Así seguramente encontrarás a Dios, quien te dará serenidad y paz en esta vida y dicha eterna en la otra.

26. ¿Has visto un campo de trigo completamente maduro? Podrá observar que algunas orejas son altas y exuberantes; otros, sin embargo, están doblados en el suelo. Intenta tomar lo alto, lo más vano, verás que estos están vacíos; si, por otro lado, tomas el más bajo, el más humilde, estos están llenos de frijoles. De esto puedes deducir que la vanidad está vacía.

27. Debemos hacer grandes esfuerzos para convertirnos en santos y prestar grandes servicios a Dios y al prójimo.

28. Convirtámonos en santos, así que después de estar juntos en la tierra, siempre estaremos juntos en el paraíso.

29. ¡Oh Dios! Hazte sentir cada vez más en mi pobre corazón y completa en mí el trabajo que comenzaste. Escucho íntimamente una voz que me dice asiduamente: santifica y santifica. Bueno, mi querido, lo quiero, pero no sé por dónde empezar. Ayúdame también; Sé que Jesús te ama mucho y te lo mereces. Entonces háblale por mí, para que me dé la gracia de ser un hijo menos digno de San Francisco, que puede ser un ejemplo para mis hermanos para que el fervor continúe y crezca más y más en mí, para hacerme un capuchino perfecto. .

30. Por lo tanto, siempre sé fiel a Dios en el cumplimiento de las promesas que se le hicieron y no te preocupes por los movimientos de los insipientes. Sepa que los santos siempre se han burlado del mundo y de lo mundano y han puesto el mundo y sus máximas bajo sus pies.

31. El campo de lucha entre Dios y Satanás es el alma humana. Es en él que tiene lugar en cada momento de la vida. Es necesario que el alma dé libre acceso al Señor y sea fortalecido por él en todas partes con todo tipo de armas; deja que su luz lo irradie para luchar contra la oscuridad del error; que ella se vista con Jesucristo, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la palabra de Dios para vencer a enemigos tan poderosos. Para vestirse de Jesucristo, es necesario morir a uno mismo.


sábado, 4 de abril de 2020

MES DE ABRIL CON EL PADRE PIO



1. ¿No nos dice el Espíritu Santo que cuando el alma se acerca a Dios debe prepararse para la tentación? Por lo tanto, coraje, mi buena hija; lucha duro y tendrás el premio reservado para las almas fuertes.

2. Tienes que ser fuerte para crecer: ese es nuestro deber. La vida es una lucha de la que no podemos retirarnos, pero debemos triunfar sobre ella.

3. ¡Ay de aquellos que no se mantienen honestos! No solo pierden todo el respeto humano, sino cuánto no pueden ocupar ningún cargo civil ... Por lo tanto, siempre somos honestos, ahuyentando todos los malos pensamientos de nuestra mente, y siempre estamos con el corazón vuelto hacia Dios, quien nos creó y nos colocó en la tierra. conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida y luego disfrutarlo eternamente en la otra.

4. Sé que el Señor permite estos asaltos al diablo porque su misericordia te hace querido y quiere que te parezcas a él en las ansiedades del desierto, del jardín, de la cruz; pero deben defenderse distanciándolo y despreciando sus insinuaciones malvadas en nombre de Dios y la santa obediencia.

5. Observa bien: siempre que la tentación te desagrade, no hay nada que temer. Pero, ¿por qué lo sientes, si no es porque no quieres escucharlo?
Estas tentaciones tan importantes provienen de la malicia del diablo, pero la tristeza y el sufrimiento que sufrimos de ellas provienen de la misericordia de Dios, quien, contra la voluntad de nuestro enemigo, retira de su malicia la santa tribulación, por medio de la cual purifica el oro que quiere poner en sus tesoros.
Vuelvo a decir: tus tentaciones son del diablo y del infierno, pero tus dolores y aflicciones son de Dios y del cielo; Las madres son de Babilonia, pero las hijas son de Jerusalén. Desprecia las tentaciones y abraza las tribulaciones.
No, no, hija mía, deja que sople el viento y no pienses que el sonido de las hojas es el sonido de las armas.

6. No intentes superar tus tentaciones porque este esfuerzo las fortalecería; despreciarlos y no retenerlos; represente en su imaginación a Jesucristo crucificado en sus brazos y en sus senos, y diga besando su costado varias veces: ¡Aquí está mi esperanza, aquí está la fuente viva de mi felicidad! Te abrazaré fuerte, oh Jesús mío, y no te dejaré hasta que me hayas colocado en un lugar seguro.

7. Termina con estas vanas aprensiones. Recuerde que no es el sentimiento lo que constituye culpa, sino el consentimiento a dichos sentimientos. El libre albedrío solo es capaz del bien o del mal. Pero cuando la voluntad gime bajo la prueba del tentador y no quiere lo que se le presenta, no solo no hay culpa, sino que hay virtud.

8. Las tentaciones no te desaniman; son la prueba del alma que Dios quiere experimentar cuando lo ve en las fuerzas necesarias para sostener la lucha y tejer la corona de gloria con sus propias manos.
Hasta ahora tu vida estaba en la infancia; ahora el Señor quiere tratarte como un adulto. Y dado que las pruebas de la vida adulta son mucho más altas que las de un bebé, es por eso que inicialmente estás desorganizado; pero la vida del alma adquirirá su calma y tu calma volverá, no será tarde. Ten un poco más de paciencia; todo será lo mejor para ti.

9. Las tentaciones contra la fe y la pureza son bienes ofrecidos por el enemigo, pero no le temas, excepto con desprecio. Mientras ruja, es una señal de que aún no ha tomado posesión de la voluntad.
No te perturbará lo que estás experimentando por parte de este ángel rebelde; la voluntad siempre es contraria a sus sugerencias, y vive con calma, porque no hay culpa, sino que existe el placer de Dios y la ganancia para tu alma.

10. Debes recurrir a él en los asaltos del enemigo, debes esperar en él y debes esperar todo lo bueno de él. No te detengas voluntariamente en lo que el enemigo te presenta. Recuerda que quien huye gana; y debes los primeros movimientos de aversión contra esas personas para retirar sus pensamientos y apelar a Dios. Antes de que él doble tu rodilla y con gran humildad repite esta breve oración: "Ten piedad de mí, que soy una persona pobre y enferma". Luego levántate y con santa indiferencia continúa tus quehaceres.

11. Tenga en cuenta que cuanto más crecen los ataques del enemigo, más cerca está Dios del alma. Piensa e interpenetra bien de esta gran y reconfortante verdad.

12. Anímate y no tengas miedo de la ira oscura de Lucifer. Recuerda esto para siempre: que es una buena señal cuando el enemigo ruge y ruge en torno a tu voluntad, ya que esto demuestra que no está dentro.
¡Ánimo, mi amada hija! Digo esta palabra con gran sentimiento y, en Jesús, coraje, digo: no hay necesidad de temer, mientras que podemos decir con resolución, aunque sin sentir: ¡Viva Jesús!

13. Tenga en cuenta que cuanto más le agrada un alma a Dios, más tendrá que ser probada. Así que coraje y sigan siempre.

14. Entiendo que las tentaciones parecen manchar en lugar de purificar el espíritu, pero escuchemos cuál es el lenguaje de los santos, y en este sentido solo necesita saber, entre muchos, lo que dice San Francisco de Sales: que las tentaciones son como el jabón, que se extendió en la ropa parece mancharlos y en verdad purificarlos.

15. Confianza Siempre te inculco; nada puede temer a un alma que confía en su Señor y pone su esperanza en él. El enemigo de nuestra salud también está siempre a nuestro alrededor para arrebatarnos de nuestro corazón el ancla que nos debe llevar a la salvación, me refiero a la confianza en Dios nuestro Padre; mantengamos este ancla, nunca permitamos que nos abandone por un momento, de lo contrario todo se perdería.

16. ¡Oh, qué felicidad en las batallas espirituales! Solo queriendo saber siempre luchar para salir victorioso.

17. Tenga cuidado de no desanimarse de verse rodeado de enfermedades espirituales.
Si Dios te deja caer en alguna debilidad, no es abandonarte, sino solo establecerte en la humildad y hacerte más atento para el futuro.

18. Camina con sencillez en el camino del Señor y no atormentes tu espíritu.
Debes odiar tus defectos, pero con un odio silencioso y no molesto e inquieto.

19. La confesión, que es el lavado del alma, debe hacerse cada ocho días como máximo; No tengo ganas de mantener a las almas lejos de la confesión por más de ocho días.

20. El diablo solo tiene una puerta para entrar en nuestra alma: la voluntad; No hay puertas secretas.
Ningún pecado es tal si no se cometió con la voluntad. Cuando la voluntad no tiene nada que ver, no tiene nada que ver con el pecado, sino la debilidad humana.

21. El diablo es como un perro enojado en la cadena; más allá del límite de la cadena no puede morder a nadie.
Y luego te mantienes alejado. Si te acercas demasiado, te atrapan.

22. No abandones tu alma a la tentación, dice el Espíritu Santo, ya que la alegría del corazón es la vida del alma, es un tesoro inagotable de santidad; mientras que la tristeza es la muerte lenta del alma y no sirve para nada.

23. Nuestro enemigo, conjurado contra nosotros, se vuelve más fuerte con los débiles, pero con quien lo confronta con el arma en la mano, se vuelve un cobarde.

24. Si puedes superar la tentación, esto tiene el efecto que la lejía tiene sobre la ropa sucia.

25. Sufriría la muerte innumerables veces, antes de ofender al Señor con los ojos abiertos.

26. Con pensamiento y confesión uno no debe volver a los pecados acusados ​​en confesiones previas. Debido a nuestra contrición, Jesús los perdonó en la corte de penitencia. Allí se encontró ante nosotros y nuestras miserias como acreedor frente a un deudor insolvente. Con un gesto de infinita generosidad, desgarró, destruyó los pagarés firmados por nosotros al pecar, y que ciertamente no podríamos haber pagado sin la ayuda de su divina clemencia. Volviendo a esas fallas, queriendo resucitarlas solo para que aún tengan perdón, solo por la duda de que no han sido realmente y en gran medida remitidas, tal vez no se consideraría como un acto de desconfianza hacia la bondad de lo que había demostrado, desgarrándose título de la deuda que contraemos con el pecado? ...

27. En el tumultuar de pasiones y eventos adversos, la querida esperanza de su inagotable misericordia nos sostiene: corremos confiadamente al tribunal de penitencia, donde nos espera ansiosamente en el momento del padre; y, conscientes de nuestra insolvencia ante él, no dudamos del solemne perdón pronunciado sobre nuestros errores. ¡Colocamos sobre ellos, como lo ha colocado el Señor, una piedra sepulcral!

28. La oscuridad que a veces rodea el cielo de tus almas es la luz: para ellos crees en la oscuridad y tienes la impresión de estar en medio de un arbusto en llamas. De hecho, cuando el arbusto arde, el aire a su alrededor se llena de nubes y el espíritu perdido teme no ver, ya no entender nada. Pero es entonces cuando Dios habla y está presente en el alma: quien escucha, intenta, ama y tiembla.
¡Así que no esperes a que Tabor vea a Dios cuando ya lo contemplaste en el Sinaí!

29. Camina alegremente y con un corazón sincero y abierto tanto como puedas, y cuando no puedas mantener esta alegría santa, al menos nunca pierdas el coraje y la confianza en Dios.

30. Las pruebas a las que el Señor se somete y te someterá son todas marcas de deleite divino y gemas para el alma. Querida, el invierno pasará y la primavera interminable estará aún más llena de bellezas, más duras serán las tormentas.

domingo, 15 de marzo de 2020

CORONAVIRUS. DESDE SAN GIOVANNI ROTONDO UN MENSAJE DE ESPERANZA

El padre Franco Moscone , arzobispo de Manfredonia-Vieste-San Giovanni Rotondo, se dirigió a los muchos que estaban espiritualmente unidos a través de FATHER PIO TV y las páginas de Facebook que repetían la señal: " creemos en el poder de la oración y esta noche queremos invocar juntos". con confianza la misericordia del Señor ".


El arzobispo, al presentar el momento de la oración, enfatizó que "estamos atravesando un período particular y difícil. Esta Cuaresma, dijo, no nos ahorra sacrificios y dolores concretos, renuncias que tocan la esfera de nuestra libertad y que a menudo alimentan sentimientos de ansiedad, angustia y miedo ".

"Nuestro viaje terrenal en este momento es incierto, pero llevamos en nuestros corazones una esperanza que se basa en la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte:  meditamos en el viaje del Señor Jesús en el camino de la cruz y queremos convertirnos en el portavoz de esta tarde del grito de todos sufren la humanidad y le ofrecen las cruces de todos los que son nuevos cireneanos en este momento están inmersos en la prueba: enfermos, familiares, trabajadores de la salud, gobernantes, administradores públicos, agentes de la ley, voluntarios de protección civil, operadores de comunicación y cuántos otros en trinchera para defender la salud pública. 


Luego, el padre Franco reveló una iniciativa singular y encomiable que comenzó de manera espontánea: "Me dijeron que el grupo de oración presente en Casa Sollievo ha creado una cadena para cubrir las 24 horas del día, orando en diferentes momentos en sus hogares".

Inmediatamente después, el rector Fra Francesco Dileo, del coro de la antigua iglesia de Santa Maria delle Grazie, llevó el crucifijo al santuario. La imagen del crucifijo ante el cual, rezando, San Pío de Pietrelcina, en la mañana del 20 de septiembre de 1918 recibió el regalo de los estigmas se recibió en la iglesia.


Al final, durante la reflexión, el arzobispo invitó a todos a fijar su mirada en el crucifijo: “ Miramos el crucifijo de los estigmas y le pedimos al Padre Pío que no reciba los estigmas, no sabríamos cómo llevarlos, sería una carga demasiado pesada para nosotros y insoportable, pero le pedimos que aprenda a mirar a la gente, a la gente, a la historia, al mundo como él miró y vio la presencia del Señor ".

Luego el crucifijo en procesión fue llevado a la cripta de Santa Maria delle Grazie, pero primero el Padre Moscone recitó esta oración: " Dulce Jesús, como tú en la cruz tenemos sed, danos el agua viva que sabes cómo hacer brotar y saciar todas las categorías de personas para quienes les estamos ofreciendo este momento de oración penitencial. Apaga mi corazón y el mío para que no se seque "


Al final, el rector comunicó que el crucifijo de los estigmas estará junto a las reliquias del cuerpo de San Pío, expuesto a la veneración de los fieles, "hasta que el Señor nos haga la gracia de erradicar este flagelo".


FRANCESCO BOSCO / SOBRE EL AUTOR Periodista digital de Padre Pio TV. Realizador, presentador y autor de varios programas de televisión dedicados a San Pio da Pietrelcina