jueves, 25 de octubre de 2018

Una luz del siglo XX


Este capuchino fue un sencillo monje de gran carácter, nacido el 25 de mayo de 1887 y muerto en olor de santidad en 1968, en pleno corazón de Italia.

Nuestro interés por conocerlo se acrecentó una vez que supimos que el Santo Oficio había cercenado toda comunicación escrita con sus directores y dirigidos.

Esta líneas son nuestro sentido homenaje a un ser humano especial que puso luz en nuestro penoso y dolorido siglo XX a pesar de que muchos se empeñaran en apagar su lámpara.

Las llagas

¿Cuál es el detonante que hace volver los ojos del mundo hacia su persona? Las llagas. Su cuerpo reprodujo durante los últimos 50 años de su vida las llagas de Cristo en mano, pies y costado, heridas que durante todo ese tiempo estuvieron sangrando con una sangre roja y limpia, en ningún momento infectada. La duración de los estigmas del Padre Pío es la más larga de todas las conocidas. Comenzó el 20 de septiembre de 1918 y sólo cesó, sin dejar huella, con su muerte, 50 años después, el 23 de septiembre de 1968.


Nos encontramos ante un hecho excepcional. No se ha encontrado explicación natural a este fenómeno. No faltan los escépticos que aseguran que los estigmas son producto de la psicopatía, la adicción a la magia y la superstición, o simplemente una farsa. El Provincial de la Orden mandó fotografíar manos, pies y costado y envió estos documentos al Vaticano, pero además le hicieron ser reconocido por numerosos especialistas que le sometieron a profundos exámenes médicos. Las heridas estaban ahí, sangrando ligera y casi continuamente. El Padre Pío usaba de día medios guantes de lana oscuros para ocultar sus manos. Las manchas de sangre no se ven y la lana las absorbe. Por la noche usa guantes de algodón blanco que al amanecer están empapados en sangre. Él los lava y acondiciona su celda. La herida del costado también sangra de continuo. Lleva una ancha venda arrollada al pecho que renueva dos o tres veces al día. Las heridas de los pies son de las mismas características que las de las manos. Cuando baja del altar para dar la comunión a los fieles su paso es incierto, lento, vacilante, como haciendo un esfuerzo de dolor contenido. Tras el suceso de las llagas, su vida ordinaria continuó externamente como si nada hubiese ocurrido. Acude al coro, come en el refectorio con los demás religiosos, hace largo rato de oración y atiende confesiones por horas y horas, con un estilo propio, carismático, vertical, al punto de ser llamado el misionero fuera de serie. El resto de los religiosos se admiran de su resistencia física, aquejado como estaba de tantos dolores, no sólo las llagas sangrantes, sino también numerosas enfermedades que los médicos de su tiempo no lograban curar.

¿Milagros?

Pío de Pietrelcina acudía a Dios solicitando favores para sus hermanos dolientes. Al parecer, hubo una gran cantidad de sanaciones que se operaban a través de la intervención del humilde capuchino.

Se le atribuyen también numerosos desdoblamientos, pues encerrado en el convento como estaba, se le podía ver actuando favorablemente en circunstancias comprometidas de numerosas personas, como así se atestigua.

Con esa llaneza que lo caracteriza, cuando dos meses antes de morir alguien le sugiere la posibilidad de viajar a Lourdes, el Padre Pío responde: ¡Vaya, qué cosa! ¡A Lourdes! ¡En Lourdes he estado yo tantas veces...! Sorprendido, su interlocutor le pregunta cómo podía ser aquello si nunca le había visto salir para nada del convento, y el Padre Pío contesta: ¡Bah!, ¿pero es que a Lourdes se puede ir sólo en auto o en tren? También se puede ir de otras maneras.



Así poco a poco y en torno a un convento desolado en lo alto del monte Gárgamo, el llamado "espolón de la bota" italiana, sobrevino un centro de muy intensa espiritualidad con una afluencia cada vez mayor de peregrinos. Las gentes venían no sólo de Italia, sino de la mayor parte del mundo atraídos por milagros reales o imaginarios que se contaban realizados por mediación del fraile de los estigmas, de tal modo que no era fácil distinguir lo verdadero de lo meramente fantástico.

Pero los especialistas del Santo Oficio no perdían detalle de los hechos ocurridos. Así, estudian, debaten, prueban, interrogan. En las Curias eclesiásticas el nombre y el "caso Padre Pío" eran considerados "tabú" y oficialmente se le miraba con enorme recelo. El acoso del Santo Oficio no se hizo esperar. En 1922 le llega la orden de abstenerse de todo trato, incluso epistolar, con su director espiritual. En julio de 1924 llega la exhortación para que los fieles se abstengan absolutamente de visitarle o de tratar con él de cualquier forma que sea; asimismo se le prohibía responder a cualquier carta que le fuese dirigida. Posteriormente, en 1931, llega la prohibición máxima que redujo al Padre Pío al aislamiento más completo. Se le prohibe toda clase de visitas, se le prohibe ejercer la función ministerial de la confesión y sólo se le permite celebrar misa en la capilla privada del convento acompañado únicamente del acólito.

Retrato humano

La nota característica de la personalidad del Padre Pío se podría definir así: "Era un hombre sincero y veraz a carta cabal, a pesar de su enorme carga temperamental". Dice de él uno de los doctores que lo visita: "En su conjunto, sobre todo en las líneas de su rostro y mirada, la persona del Padre Pío revela un algo de sencillo, de bueno, a veces hasta de infantil, que inspira verdadera simpatía y ofrece la impresión de una enorme sinceridad. Humildad y modestia son las dos características que adornan su fisonomía y constituyen una de las prerrogativas más atractivas de su vida".

Era extremadamente sensible a la más insignificante cortesía. Con una gran sensibilidad intuía a distancia los deseos de los demás y los correspondía con exquisita delicadeza.



Sentido del humor

Se dice que toda alma grande manifiesta un marcado sentido del humor. Pues bien, Padre Pío gozaba de un magnífico sentido del humor que chocaba, más si cabe, en el contexto de un hombre orante y sufriente, de salud muy quebrantada y que sufrió a lo largo de su vida numerosas enfermedades.

Lo vemos, sin embargo, ingenioso, humorista, brillante y ocurrente conversador, capaz de captar intuitivamente auditorios grandes y pequeños.


En plena guerra mundial un soldado alemán se planta ante su presencia apuntándole con la pistola y en un mal italiano le pregunta: ¿Quién va a ganar la guerra? El Padre Pío le repite sereno varias veces, cada vez en un tono más fuerte: Te digo con toda seguridad que uno de los dos. Te digo con toda certeza que uno de los dos ha de ganar. Y como se lo repetía con tanta energía como si le comunicara la más impresionante novedad, el soldado quedó confundido y se fue.

Sobre los políticos

Los políticos eran otra clase de personajes que no le merecían la menor simpatía. Qué derecha ni qué izquierda, respondía malhumorado, el mundo debe caminar siempre adelante. Y lo que importa es que camine siempre recto, derecho, hacia delante, hacia Dios, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Los políticos se deshacen en palabras; son unos halagadores, pero no se sabe cuándo nos señalan el camino recto o el tortuoso. Estamos en este mundo de paso y debemos caminar siempre por el camino recto, el de la Verdad. ¡Siempre recto y adelante! ¡Esa es la verdadera política!


Sus obras

El centro de sus desvelos fue la Casa alivio del Sufrimiento (Casa Sollievo della sofferenza), una clínica hospital para unas 1.500 camas que consiguiera poner en marcha en medio de aquel lugar solitario, frío y rocoso, sin agua y carente de todo, y en donde habrían de ser atendidos los enfermos de la región, destinados como estaban a morir en sus casas, sin atención y en las condiciones más lamentables que se puede imaginar.


Persecución

Esa extraordinaria capacidad de hacer surgir algo grande de la nada le acarreó en los últimos diez años de su vida una gran persecución a causa de las múltiples envidias que levantaba.

Corre 1960, había cumplido ya sus 73 años. Pío XII le había declarado anteriormente administrador absoluto de su obra, para la que de todas partes del mundo llegaban de continuo limosnas a su nombre. Era, por tanto, responsable tan sólo ante el Pontífice. La misma disposición la mantuvo Juan XXIII. Sin embargo, los responsables de finanzas de la Orden Capuchina italiana pasaban por momentos apurados. Se hallaban en quiebra y miraban las reservas del Padre Pío con ojos ansiosos. Como quiera que aquel se mantenía firme para sacar adelante su obra, muchos religiosos lo consideraron poco amante de la Orden, desobediente, sospechoso en lo relativo a su carisma y comenzaron a maquinar sorprenderle en algo que pudiera hacer su actuación reprobable.


Desacreditado de este modo, le arrebatarían la administración de la Casa Sollievo, con todos los fondos destinados a su nombre. El incidente resultó de lo más grave: la maquinación invadía el terreno, delicado y sagrado, del secreto de confesión. Y fue más doloroso para el Padre Pío por cuanto en ello intervinieron sus hermanos religiosos, entre seis u ocho de su propio convento, comenzando por el Superior e incluyendo al encargado de cuidarle, aquel que le ayudaba y le atendía como anciano e inválido que era; precisamente alguien que conocía muy de cerca sus llagas y cuanto tenía en la intimidad de su habitación y que le traicionó descaradamente.


Los insidiosos organizaron un sistema de control, colocando micrófonos en los lugares donde el Padre Pío tenía sus conversaciones más intimas; su celda, una sala de la portería, dos confesionarios, uno de hombres y otro de mujeres, y en dos o tres lugares más. Desde estos micrófonos, muy sensibles, llegaban los sonidos conectados a una centralita donde se registraba todo en cintas magnetofónicas.


Hasta 37 llegaron a grabarse a lo largo de unos cinco meses que duró el complot. El Padre Pío sólo tuvo conocimiento de estos hechos cuando personas dignas de todo crédito le comunicaron que las confesiones que atendía y los consejos que daba se comentaban públicamente y hasta en las oficinas vaticanas. La trama, muy bien urdida, hacía llegar las desgrabaciones a los dirigentes de la conspiración en Roma, quienes una vez leídas y seleccionadas, las pasaban al Santo Oficio.


Tras todo ello, se toman contra el Padre Pío drásticas medidas que suponen su claro encarcelamiento dentro del convento: se le prohibe hablar con personas ajenas a la comunidad, se le cronometra la duración de las confesiones a no más de tres minutos, bajo la atenta mirada de un religioso vigilante con la obligación de interrumpir sin más la sagrada conversación. Y para que ese aislamiento fuera total se delimitaron con una verja metálica los lugares que tenía que recorrer camino del confesionario; incluso se declaró la sacristía lugar de estricta clausura.


En encarcelamiento continuó hasta la llegada al Papado del cardenal Montini de Milán, Pablo VI, quien en 1964 va levantando poco a poco las disposiciones dadas en el periodo de su antecesor para que se le conceda la libertad ministerial de que gozaba anteriormente.

Su muerte

La muerte viene a liberarle de sus amarguras en la madrugada del 23 de septiembre de 1968. Las personas que atienden al difunto atestiguan que han desaparecido las heridas, tanto de las manos como de los pies y del costado, completamente, sin dejar señal ni huella de cicatrices. Fenómeno suficientemente fotografiado, que aumentó más si cabe el halo de misterio alrededor del Padre Pío. Así, atestigua el padre superior del aquel entonces: Las llagas del Padre Pío comenzaron a cerrarse y a reducir la afluencia de sangre dos o tres meses antes de su muerte, hasta que el día de su defunción se cerraron de tal forma que no dejaron ni el menor vestigio de cicatriz.


Llama la atención el ciclo redondo de su vida. El día 20 de septiembre de 1968 se cumplían 50 años desde que recibiera los estigmas. El domingo 22, el convento de San Giovanni Rotondo es rodeado por una muchedumbre entusiasta de los Grupos de Oración que él mismo fundara, que se disponen a celebrar allí su Congreso Internacional con motivo del 50 aniversario de la impresión de las llagas del Padre Pío. Tras bendecir a aquella multitud que lo aclama enardecida, fallece en la madrugada del día 23. Su ciclo vital se cierra con un broche de oro.


Conclusión

Resumir en pocas líneas la vida de un hombre extraordinario que vivió en el seno de la Iglesia por más de 80 años es peregrino. Sin embargo, cuando la prensa diaria dedica páginas enteras a las noticias de un mundo convulso del que poco podemos enorgullecernos, quisimos también en nuestra medida hacernos eco del perfil humano de un hombre especial, no como se admira una pieza de museo, sino como el corazón vivo que supo ascender lentamente cada uno de la peldaños de su vida interior, hasta lograr hacer de toda ella un acto místico. ¿Hubo misterio en todo a la persona del Padre Pío? Sólo podemos decir que habiendo caminado el Sendero, "todo lo demás se dio por añadidura".



Escrito por M, Teresa Cubas

GRUPO DE ORACION EN FILIPINAS

La misa de Padre Pío era única, tendremos ocasión de volver sobre este tema con detalle, basten hoy dos confesiones de Padre Pío; en cierta ocasión dijo: 

“ Lo que me pasa en ese tremendo espacio de tiempo que estoy en el altar, no sabría decirlo, mi alma lo siente, sin comprenderlo.” 

 En otra ocasión nos relata, que al comenzar la misa le acompaña un sueño letárgico, que acaba engulliéndole por completo. Está claro que Padre Pío celebra su misa en el convento de Santa Maria de las Gracias, pero que ve, vive y siente el Gólgota.










DOCUMENTAL EL MISTERIO DEL PADRE PIO


¡¡No te la pierdas!!
Estreno en Cines a partir del 23 de Noviembre

Sinopsis


Al Padre Pío, uno de los más grandes santos de la Historia, canonizado por San Juan Pablo II, le colocaron micrófonos en el confesonario y le acusaron de mantener relaciones sexuales con sus hijas espirituales. Sufrió una persecución implacable por parte de algunos hombres de Iglesia. La película ofrece, en clave de thriller, testimonios y documentos jamás divulgados sobre el complot urdido contra su protagonista, que tuvo los estigmas de Jesucristo en manos, pies y costado durante 50 años consecutivos; leía el alma de la gente en cualquier idioma; y se "paseaba" por el mundo gracias al don de la bilocación (la posibilidad de estar en dos sitios distintos al mismo tiempo).


EL MISTERIO DEL PADRE PIO

Género: Documental
Duración: 80 min.
Año: 2018
Fecha de estreno en España: 23-11-2018
Países: España, Italia
Dirección: José María Zavala
Guion: José María Zavala
Producción ejecutiva: Paloma Fernández-Gasset
Producción: Juanlo Prada Garrudo
Música: Javier de la Cruz
Fotografía: Pablo Bürmann
Montaje: José Ángel Sánchez Centeno
Distribuye en cine: European Dreams Factory


miércoles, 24 de octubre de 2018

Foto Biografía del Padre Pío

 
Padres del Padre Pío: Grazio Forgione y Mª Josefa De Nunzio.


 
Padre Pío con su hermano mayor: Michele.

 
Casa en que nació el Padre Pío el 25 de mayo de 1887


Local adosado a la casa de los Forgione - Di Nunzio, propiedad de los mismos.

 
Interior de la casa de los Forgione - Di Nunzio.


 “La Torretta”: propiedad de los Forgione – Di Nunzio, situada enfrente de la casa; en ella el Padre Pío, ya capuchino, oraba, dormía, era tentado por el demonio…


Iglesia de Santa Ana, en Pietrelcina, donde el Padre Pío 
recibió el bautismo y celebró sus primeras misas.


Pila bautismal en la que fue bautizado el Padre Pío 
en la mañana del 26 de mayo de 1887.


Iglesia parroquial de S. S. Annunziata, en Pietrelcina, donde el Padre Pío celebró su primera misa solemne el 14 de agosto de 1910 y ejercitó el ministerio sacerdotal en los años que, por enfermedad, pasó en su pueblo natal (1909-1916).


Olmo, en la Piana Romana de Pietrelcina, a cuya sombra el Padre Pío recibió los estigmas del Señor en septiembre de 1910. 
El Señor escuchó la petición del Padre Pío y le concedió que esos estigmas fueran invisibles hasta el año 1918.


Capilla de San Francisco, en Piana Romana de Pietrelcina, que conserva  y protege en su interior el olmo de los estigmas.


Foto del Padre Pío en 1911: 23/24 años.


Foto del Padre Pío, soldado en la Primera Guerra Mundial, 
en los años 1915/1917, aunque con prolongadas ausencias 
del cuartel a causa de su enfermedad. 


Foto del Padre Pío, en junio de 1919, sacada por el padre Plácido Bux, después de indicarle cómo debía de colocarse por mandato de su Superior provincial. 


Foto del Padre Pío en 1921: 33/34 años.


Foto del Padre Pío en su madurez.


El Padre Pío, que “celebraba la misa humildemente” (Pablo VI).


El Padre Pío, que “confesaba de la mañana a la noche” (Pablo VI).
En el confesonario de la iglesita confesaba a las mujeres.


El Padre Pío confesaba a los hombres en la sacristía; lo hacía, 
según sus palabras, para “liberar a mis hermanos de los lazos de Satanás 
y hacerles participar de la Vida del Resucitado”.


El Padre Pío, que era “hombre de oración” (Pablo VI).


El Padre Pío, que era “hombre de sufrimiento (Pablo VI). Crucifijo en el coro de la iglesita ante el que recibió en su cuerpo los estigmas del Crucificado, el 20 de septiembre de 1918.


Calcetines usados por el Padre Pío, ensangrentados con la sangre de los estigmas del Señor en sus pies.


Paños usados por el Padre Pío, ensangrentados con la sangre de la llaga del Crucificado en el costado.


“Camisa de la flagelación”, pues el Padre Pío, al menos una vez por semana, 
casi siempre en viernes, experimentaba místicamente, y a veces también físicamente, la flagelación del Señor.


El Padre Pío, además de confesar, realizó otros apostolados: 
bautizos, primeras comuniones, matrimonios…


El Padre Pío, siempre dispuesto a bendecir en el nombre del Señor.


El Padre Pío, padre para todos, lo fue también para los niños.


El Padre Pío, “hombre de oración” (Pablo VI), fundó los Grupos de Oración que llevan su nombre. Reunión de estos Grupos en San Giovanni Rotondo el 23 de septiembre de 1973.


El Padre Pío, “hombre de sufrimiento” (Pablo VI), se preocupó de que los enfermos fueran bien atendidos y promovió el hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, que lo bendijo el 5 de mayo de 1956.


“La Navidad tiene una ternura, una dulzura infantil, que me conquista por entero el corazón” (Padre Pío).


“Sí, yo amo la cruz, la cruz sola, la amo porque la veo siempre 
en los hombros de Jesús” (Padre Pío).


“A veces me pregunto si es posible que haya almas que no se sientan abrasar de amor divino cuando se encuentran ante Jesús Sacramentado” (Padre Pío).


“El Padre Pío, con su enseñanza y su ejemplo, nos enseña… particularmente a amar y venerar a la Virgen María” (Juan Pablo II). 


El Padre Pío dejó como testamento espiritual: “Amad a la Virgen y haced que la amen. Rezad siempre el  Rosario”


Última Misa del Padre Pío. Los estigmas le fueron desapareciendo en las últimas semanas de vida. La última costra de sangre del estigma de la mano izquierda cayó sobre el altar en esta última Misa.


Celda que ocupó el Padre Pío desde el año 1943 y en la que murió a las 2:30 de la mañana del 23 de septiembre de 1968.


Caja en la que el cuerpo del Padre Pío fue expuesto durante cuatro días a la veneración de los fieles y en la que fue enterrado.


Tumba del Padre Pío en la cripta del  Santuario de Nuestra Señora de las Gracias de San Giovanni Rotondo.