EL PADRE PIO ES DE TODOS

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lunes, 6 de noviembre de 2017

El Programa de Espiritualidad de San Pío

La vida de Padre Pío estaba centrada en el misterio de la Pasión y muerte de Jesús, aprendió de él, enseñó en la Escuela del dolor, del Sacrificio y de la Cruz, en la que nuestras almas sólo pueden santificarse.

En la cruz se manifestó a los cristianos, el «Evangelio del sufrimiento». La realidad del sufrimiento está desde siempre ante los ojos, en el cuerpo, en el alma y en el corazón de cada uno de nosotros. Fuera del área de la fe, el dolor ha constituido siempre el gran enigma de la existencia humana. Pero desde que Jesús, con su pasión y muerte, redimió al mundo, se abrió una nueva perspectiva: “mediante el sufrimiento se puede progresar en la entrega y alcanzar el grado más elevado del amor, gracias a aquel que nos amó y se entregó por nosotros".

El principio de la fe cristiana es la fecundidad del sufrimiento y, por tanto, la invitación, hecha a todos los que sufren, a unirse a la ofrenda redentora de Cristo. El sufrimiento se convierte así en ofrenda, en oblación: como aconteció y acontece en tantas almas santas. Especialmente los que se hallan oprimidos por sufrimientos morales, encuentran en los sufrimientos morales de Jesús el sentido de sus pruebas, y entran con él en Getsemaní. En Él encuentran la fuerza para aceptar el dolor con abandono y confiada obediencia a la voluntad del Padre. Los discípulos de Cristo tienen el privilegio de entender el valor salvífico en el Evangelio del sufrimiento, ya que en el se esconde una particular fuerza que acerca interiormente el hombre a Cristo. Quien sigue a Cristo, quien acepta la teología del dolor, sabe que al sufrimiento va unida una gracia preciosa, un favor divino, aunque se trate de una gracia que para nosotros sigue siendo un misterio. Ahora bien, la fe nos lleva a aceptar este misterio y, a pesar de todo, infunde paz y alegría en el alma de quien sufre.


 






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